Repescant el passat | La cort de Felip IV: luxe, ostentació i misèria
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La cort de Felip IV: luxe, ostentació i misèria

3151a94394ecdb9f2a09<i>L</i>a Cort de Felip IV. La decadència d’Espanya. Aquests són el títol i el subtítol originals de l’obra de l’hispanista i historiador anglès Martin Hume (1843-1910). Era un documentat i sagaç hispanòfil per vocació però també per predestinació, ja que des de jove, gairebé un nen, va viure a Madrid on va estudiar i es va apassionar per la història i la literatura d’Espanya. L’obra té més de cent anys (1905) però la versió d’aquest llibre, que ha caigut a les nostres mans d’una manera del tot casual, és del 1959, i of course, obvia el subtítol i té un pròleg francament revelador de l’època en la qual va ser redactat, i del qual fem una petita transcripció: “La corte de Felipe IV es una obra fundamental, maciza y seria, en la que acaso sólo haya que reprochar a su autor, inglés y protestante, una severidad excesiva al enjuiciar la gran obra de defensa de la Catolicidad en la que España estaba empeñada en tal periodo….”.

Felipe IV, pintado en 1656 por Diego Velázquez

Retrato de Felipe IV de 1656 de Diego Velázquez. Foto de portada: pintura de 1636  de Felipe IV montando a caballo, también de Velázquez

L’obra és una investigació històrica que utilitza abundantíssimes fonts documentals primàries, és a dir, documents originals de l’època referida. L’autor distingeix perfectament entre els fets i les interpretacions i comentaris que aquells  esdeveniments li suggereixen. O dit d’una altra manera, Hume condemna, aplaudeix i moralitza però no confon els fets amb les interpretacions.

Hem fet una selecció d’ alguns paràgrafs  representatius, tot mantenint la llengua de la versió del 1959 a la qual hem tingut accés i advertint que la traducció de l’anglès al castellà és força “macarrònica”:

“La Villa y Corte” al segle XVII

… Madrid es, aun ahora, aficionada al escándalo, pero en el siglo XVII, aislada del mundo, la capital de Felipe encontraba su ocupación más brillante en la calumnia y el comentario, tanto en forma de sátiras maliciosas  que pasaban de mano en mano, cuando en el cuchicheo de inmoralidades tocantes a altos y bajos. El largo y animado paseo a lo largo del muro de la iglesia de san Felipe, a la entrada de la calle Mayor, des de la Puerta del Sol, era el centro reconocido de tales confidencias  y vino a ser llamado con el apropiado nombre de “Mentidero.

… Muchedumbres de desocupados en los monasterios y verdaderas huestes de otros desocupados, estudiantes fingidos, poetastros, bravucones y mendigos que en cuanto a mantenimiento diario dependen de la sopa de ajo… criados con o sin salario, pero que viven indolentemente del alimento de sus amos, con pintorescos atavíos y en una mugrienta abundancia infestan las casa de los nobles desde el patio de las caballerías hasta el tejado. A Felipe y a  Olivares no les faltó el valor de los primeros tiempos y publicaron un decreto tan severo para restringir los vestidos ricos, el abuso en el adorno, la posesión de muebles caros, el uso de guarniciones, sedas, terciopelos bordados y ribetes, y para limitar el empleo de vajillas de oro y plata en el uso domestico, que fue imposible de aplicar… Los escritores de la época muestran la vida diaria de Madrid como viciosa, pródiga y corrompida.

… Después de la restauración de Madrid en el rango de capital en1606, había sido extraordinario su crecimiento en tamaño y población, y en este periodo fue cuando  asumió la extensión y la apariencia que con pocos cambios conservó hasta la mitad del siglo XIX… La construcción de las casas, levantadas en su mayor parte muy de prisa para hacer frente al repentino crecimiento de la población – la Corte atraía a todos cuantos en España tenían entendimiento, ambición o dinero- era extremadamente mezquina y sin aseo; los pesados y ostentosos palacios de los nobles, algunos de los cuales duran todavía, estaban rodeados de  pequeñas y miserables chozas con paredes de adobe y sucios exteriores. Las ventanas a la calle, fuertemente enrejadas, eran, en su mayoría, pequeñas y daban sombría apariencia de mazmorras a los edificios; la falta completa de alcantarillado hacia de las calzadas simples muladares donde los pesados coches abrían surco y salpicaban a los peatones. Entre el enorme número de forasteros y extranjeros a quienes la curiosidad, la política o los negocios traían  a Madrid en este periodo, la condición de suciedad de las calles se hizo proverbial.

… La vida en la capital de las Españas al final del reinado de Felipe es tan sombría que el historiador que se atreviese a producirla sin plenas  garantías contemporáneas seria acusado de prejuicio o de exageración… La holgazanería y pretensiones en todas las clases de la capital había aumentado en tal extensión, que prácticamente la totalidad del trabajo necesario tenía que hacerse por extranjeros… Por estas gentes se llevaban las más de las industrias y profesiones, ocupándose las clases trabajadoras españolas en servicios de ocasión, tráficos pequeños y mendicidad… Pero lo que impresiona más en este periodo es el terrible libertinaje que prevalecía en Madrid. Las mujeres públicas casi monopolizaban los paseos… En su mayoría, las mujeres, no obstante la prohibición, salían con mantos que les cubrían todo el rostro, excepto un ojo, y esto facilitaba la intriga en todas las clases hasta un extremo chocante”.

El Conde Duque de Olivares

La política d’Olivares

… La pobreza del país había arrancado un grito a las Cortes de Castilla que se juntaron en 1623 para votar nuevos servicios para tres años. No podían votar, ni Castilla podía pagar, más que la cantidad acostumbrada que era por completo insuficiente para las necesidades de una nueva guerra y de la renovada pugna con Holanda. Sería necesario, por tanto, que Felipe fuese en  breve a afrontar los Parlamentos independientes de Aragón, Cataluña y Valencia, y al mismo tiempo de renovar y hacer los juramentos de rigor, apelar a la generosidad de los súbditos orientales. Se conserva un documento, que lleva la fecha de 1625,  en que Olivares descubre a Felipe sus ideas acerca de las relaciones que deberían existir entre los varios dominios en que España consistía… y apunta en beneficio de los reinos forasteros (sic) de España que solamente pueden esperar formar parte de una gran potencia haciendo por su Rey sacrificios semejantes a los que los demás súbditos están obligados. Su idea era evidentemente la obligación de mutua defensa como primer paso a una fusión completa de las Coronas y trataba de dorar la píldora diciendo que cada uno de los reinos exteriores podía considerase feudatario de Castilla. El famoso Memorial dice:

Tenga V.M. por el más importante negocio de su Monarquía el hacerse Rey  de España; quiero decir con esto, Señor, que no se contente con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia y Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto para reducir estos Reinos de que se compone España al estilo y las leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si V.M. lo alcanza será el príncipe más poderoso del mundo. Con todo esto no es negocio  que se pueda conseguir  en un tiempo limitado, ni  intento que se pueda descubrir a nadie por confidente  que sea; porque su conveniencia no puede estar sujeta a opiniones porque hay que actuar sin avisar…

… Olivares distaba mucho de ser un necio o un temerario por temperamento. Cuando explico por primera vez su política a Felipe… no disimuló que su objeto era difícil de alcanzar y debía consistir en una obra de tiempo. Pero una vez que hubo abrazado la política que impuso a España costosas guerras extranjeras, no quedó otra alternativa a la ruina y a la derrota para él, que el arriesgado plan de hacer que los reinos autónomos pagasen su parte en los gastos de las guerras emprendidas por el Rey y en el despilfarro rampante de la decadente multitud de Madrid, que ya había sacado a Castilla la sustancia hasta agotarla.   

El gust pel luxe i l’ostentació

… El gusto de Felipe IV por la ostentación tuvo plena oportunidad de desplegarse en octubre de 1629… le nació un heredero a las coronas de España…Con motivo del bautizo del heredero la Condesa de Olivares, tan suprema en Palacio como su marido en el gobierno, tuvo al niño “sentada en una silla de cristal de roca, el mueble más costoso que se viera en Europa”… La pretensión general, la ociosidad y el amor por el lujo no obtenido por el trabajo eran en verdad sintomáticos de una decadencia natural de la sociedad… Mientras se quejaban de que las cosas no iban mejor, los súbditos, clamaban más alto que nunca que España debía enseñar a los herejes a punta de lanza, su error, y resistían y eludían por todos los medios en su poder las leyes suntuarias (les que restringien el luxe)… Tanto Felipe como su mujer eran infatigables en la persecución del placer; en eso sus gustos coincidían. Las dos diversiones principales el teatro y las funciones devotas… El esplendor y el brillo que las leyes suntuarias prohibían tan severamente en la vida secular se desbordaban en los templos… Los “autos de fe” alternaban con las corridas de toros, torneos de cañas  (el joc de canyes, d’origen morisc, es va convertir al llarg del segle XVII en una mena de ballet eqüestre, on els cavallers, amb el pretext d’atacar amb les canyes, feien tot tipus d’evolucions i cabrioles amb els cavalls. Atès l’elevat cost de l’espectacle, que només podien practicar a noblesa, i sempre vinculada al favor reial, va decaure  amb el canvi de la dinastia a principis del segle XVIII)… Cada natalicio en la familia real, cada recepción de Embajadores, cada cumpleaños regio, eran pretextos a una de estas largas series de festejos.  En el 1657, a finales del reinado de Felipe, el Marqués de Heliche organizó una fiesta, cuando la miseria era ya general, que costó más de 16.000 ducados… una comida de más de mil platos… y sobro tanto que a costales lo traían a Madrid… Apenas es necesario decir que, en recompensa por este festín de Gargantúa, Heliche fue hecho grande a los pocos días… El embajador inglés pasó en medio de una admirada multitud porqué los madrileños siempre gustaron del lujo… Un Rey para quien el placer era una ocupación, y un ministro (Olivares) para quien sólo la ocupación era placer, que amaba la realidad del mundo mientras su señor amaba las ceremonias de él…

La misèria

  … El suicida sistema de hacienda arruinaba a todas las clases… los obreros del campo y de la ciudad… habían sido los primeros en hundirse; luego los traficantes pequeños arruinados por la  tasa de la alcabala sobre todas las ventas y por la intervención (devaluació)  en la circulación monetaria; y ahora les tocaba a los grandes mercaderes y a los banqueros; mientras que incluso a los nobles y los eclesiásticos se les había sangrado a discreción con el “último donativo voluntario”.

… Los teatros públicos seguían llenos y las comedias se aplaudían… Mas, por otra parte, el hambre había clavado su espantosa garra doquiera en las áridas tierras de Castilla, el impuesto de consumos se había aumentado cuando incluso en la capital la miseria en la capital no era una amenaza, sino una realidad… y los sueldos, pensiones y deudas del Estado o no se pagaban en absoluto o se reducían ruinosamente.

… Pero la mayor novedad en el modo de levantar fondos la inventó en esta coyuntura un sacerdote jesuita en Madrid, llamado Salazar; Olivares la acogió y ha venido a ser hasta nuestros días una de las fuentes principales de recursos en todos los países civilizados; a saber, el artificio de usar papel sellado por el Gobierno, en todos los documentos oficiales y formales… Ese nuevo impuesto se publicó en Madrid en 1637… los juristas y el pueblo le hicieron la guerra, aunque los financieros dijeron que produciría dos millones al año.

… La caída de Oivares era inevitable, pero injusta…la política que produjo las calamidades, la de persistir en las hinchadas pretensiones de un siglo antes, había sido apoyada de corazón por el pueblo entero. Querían gloria, orgullo, supremacía. Querían seguir representando el papel de milicia de Dios, reducir el mundo a una fe, la suya, jactarse de las riquezas de su Rey y de la grandeza de su país. Pero cuando al final comprendieron que una política exterior de intervenciones injustificadas y pomposas y de despilfarro doméstico en el país era costosa, se volvieron contra el hombre que había traducido en actos sus vanas aspiraciones. Olivares… sólo podía ver con los ojos de su generación;  y su parte en la culpa de la ruina que siguió a su gobierno fue mayor únicamente  porque fue más conspicua que la de todas las gentes, cegadas y embotadas por la loca esperanza de disfrutar de ventajas, nacionales y personales, más allá de sus medios.



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